Papá y mamá nadaron a toda velocidad hacia el interior de la mancha negra. Apenas podían respirar.

Esa oscuridad les quitaba el oxígeno.

Así que, juntos, con lo que les quedaba de fuerzas, lanzaron a Medusita lejos,

muy lejos del peligro.

 

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—¡Sálvate,

   Medusita!

—¡Huye, Medusita!

   ¡Huye!